jueves, 21 de noviembre de 2013

Conectar y redirigir


Cuando las cosas no salen tan bien como quisiera en casa, cuando tiendo a verlo todo negro en cuanto a la educación de mis hijos respecta, suelo leer libros que primero puedan ayudarme a relajarme, después a convencerme de que se puede, para finalmente intentar ayudarles a ellos.

El cerebro del niño, es un libro escrito por el psiquiatra Daniel J. Siegel y la psicoterapeuta de niños y adolescentes Tina Payne Bryson. En sus páginas explican las diferencias entre el cerebro izquierdo más lógico y el dececho más emocional y de cómo ayudar a una integración horizontal del cerebro de nuestros hijos.


Una de las técnicas para conseguirlo es conectar y redirigir. Y hoy voy a contaros con un par de ejemplos cómo lo he puesto en práctica en casa:

Niño de cuatro años se me acerca llorando y diciéndome que no me va a invitar a la fiesta de la castaña de su colegio porque no quiere ducharse. Las tardes en mi casa son liosas, digamos. Tareas, juegos, baños y cenas lo ocupan todo. Una rabieta NO cabe. Normalmente me habría salido contestar al niño algo tipo he dicho que a la ducha pues a la ducha. Sin embargo esta vez me acordé de lo leído y decidí ponerlo en práctica, para lo que primero tuve que conectar con el niño diciéndole: entiendo que no quieras ducharte, porque te lo estás pasando genial con los playmobils, verdad? en ese momento paró de llorar, me dio un abrazo y me dijo que me invitaba a su fiesta (ufff) y cuánto me quería. Habíamos conectado. Después tocó redirigir diciendo tu sabes que hay que ducharse, porque si no oleríamos un poco mal y eso no queremos, a que no? se me ocurre que hoy puedes elegir a un ayudante de ducha! por supuesto la elegida fui yo, pero el niño se duchó colaborando desde el principio hasta el final.

Niño de nueve años de morros porque no puede jugar a la Nintendo por razones que ahora no vienen al caso, teniendo que esperar hasta el próximo fin de semana. No sé vosotros, pero a mi la obsesión por las maquinitas me pone de los nervios y verlos llorar o de morros por culpa de ellas ni os cuento. Normalmente le habría dicho al niño que cambiara la cara, y la habría cambiado o no, pero en el fondo seguiría enfadado. Esta vez probé a conectar primero acercándome a él diciendo entiendo la rabia que te da, sé que te encanta el juego de la Nintendo al que estás jugando. En ese momento se me puso a llorar y a contarme que efectivamente le encantaba y cuánto deseaba jugar, la técnica que había inventado y el fichaje que deseaba hacer. Yo afirmaba y le decía cuánto le entendía y qué técnica más buena, y qué buen fichaje,... Estábamos conectando. Al rato me tocó redirigir. Le recordé que lo que había hecho no se podía permitir, y que por eso la Nintendo no la podría sacar durante el fin de semana, pero que el próximo no tardaría en llegar. Se le quitaron los morros. Y yo flipando.

Nota 1: Os dejo a continuación el libro que es muy recomendable:

Nota 2: Gracias a todos por vuestras muestras de cariño y buenos deseos. Mitercer Chiquitico está genial y le bajan un poco algo de la medicación que lleva. Ahora a seguir bien.

6 comentarios:

  1. Laura, lo pondré en práctica... a ver si funciona!! ojalá!!!! Gracias!!!

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  2. Me alegro que vaya mejor el tercero!
    Te hare caso con el tema de hoy.
    Mañana mismo!!!
    Besos a todos

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  3. me gusta mucho cômo lo has explicado, creo que pensarê antes de hacer reproches ;) aunque sin quererlo lo he practicado hoy cuando no querîa abrigarse para salir a la calle y le he dicho en plan "ya sê que tienes calor en casa pero en la calle hace frîo y si no habrâ que ir al mêdico si te pones malita". es mâs bien una amenaza 'que viene el mêdico!!!', pero bueno!

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  4. En primer lugar decirte que me alegro mucho que tu niño esté bien, olé!!! y con respecto al libro, me parece muy interesante, y voy a probar tus ejemplos...
    Un beso,

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  5. me alegro de que tu niño vaya mejor. no sabes lo bien q me esta viniendo esto que contabas de ponerse en su lugar e intentar hablar con ellos, gracias!!

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